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domingo, 24 de enero de 2010

santos vega


Santos Vega, payador extraordinario, llenaba la inmensa soledad pampeana con el eco de su canto y el rasgueo de su guitarra.


Cierto día en que entonaba sus mejores canciones a la sombra de un ombú centenario y corpulento ante paisanos de los más lejanos pagos, llegó al galope de un hermoso caballo, un forastero que desafió al cantor. Aceptó Santos Vega y su voz melodiosa vibró en los aires con cielos y vidalitas. Todos escuchaban embelesados al poeta errante de la pampa y creyeron segura su victoria.

Sin embargo el desconocido, apretando contra su corazón la guitarra, comenzó a cantar y su voz tuvo arpegios nunca oídos, cálida y dulce y lleva de un diabólico ritmo.

Venció el forastero y una sombra de dolor cruzó la faz de Santos y sus amigos. Juan Sin Ropa, el propio diablo, transfigurado, había derrotado al payador. Desde entonces Santos Vega, al paso cansino de su caballo, emponchado y triste, con la guitarra abrazada a la espalda ancha y doblada, cruza la pampa en los atardeceres melancólicos y en las noches sin luto, cuando la luna reverbera en los pastos mullidos y en las calladas lagunas.